El mito del amor romántico

El mito del amor romántico

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Como señalan Hammack et al. (2019) En el siglo XXI, prolifera una mayor diversidad en las relaciones humanas y, como hemos señalado, surgen nuevas formas relacionales y de intimidad. Como muestran Fairbrother et al. (2019), aunque solo una pequeña proporción de la población mantiene actualmente una relación no monógama consensuada, el interés por las relaciones no monógamas consensuadas es mayor, especialmente entre los adultos más jóvenes, que también tienen un mayor interés y compromiso con este tipo de relaciones, lo que sugiere que las relaciones no monógamas consensuadas pueden aumentar su prevalencia con el tiempo. A pesar de ello, las personas que mantienen relaciones no monógamas consensuadas son percibidas de forma menos favorable que las que mantienen relaciones monógamas (Grunt-Mejer y Campbell, 2016) considerando este tipo de relaciones como de peor calidad, incluso calificando a las personas no monógamas consensuadas con rasgos arbitrarios (Conley et al., 2013).

Los estudios queer aportan un paradigma flexible que reconoce las diversas formas y posibilidades en un contexto post-normativo y post-binario en el que las personas no están constreñidas por los supuestos hegemónicos pertenecientes a los paradigmas de género, sexualidad y relaciones (Hammack et al., 2019). Además, las identidades sexuales y de género son profunda y recursivamente multifacéticas (Van Anders, 2015), que a su vez no son fijas, sino que se generan fluidamente a través de prácticas sociales recurrentes y de la adhesión a estándares normativos (Butler, 1990). Los paradigmas queer entienden esta diversidad en las relaciones humanas sujetas a contingencias históricas y culturales que reconfiguran nuestra comprensión de los significados y posibilidades de los vínculos humanos (Hammack et al., 2019).

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Susanne Vosmer no trabaja, asesora, posee acciones ni recibe financiación de ninguna empresa u organización que pueda beneficiarse de este artículo, y no ha revelado ninguna afiliación relevante más allá de su nombramiento académico.

El amor romántico en las sociedades occidentales suele representarse de forma estereotipada: dos mitades anhelantes que se buscan mutuamente para encontrar su estado completo y original. Pocos encuentran esta dicha porque es un mito, que se remonta a Platón. En la mitología griega, los amantes perfectos se unían y se partían en dos. El amor, pues, es el deseo de cada parte de encontrar al otro que falta.

Este mito perdura en la cultura popular, en las historias de amor y en las comedias románticas. Afecta a nuestra identidad social, que para muchos está formada por representaciones estereotipadas y guionizadas de las relaciones. A menudo, de forma menos consciente, seguimos buscando nuestra «mitad perdida», el ideal, pero las tasas de divorcio dan fe de que ese ideal no existe.

Hoy en día, mucha gente se escapa al mundo virtual en su búsqueda de la relación ideal. Las citas en línea, los mensajes de coqueteo y el «sexting» se utilizan a menudo como antídoto contra la soledad, la falta de intimidad y la dolorosa experiencia de la pérdida. En el ciberespacio, podemos ser quien sea y lo que queramos ser. Esto nos da placer, pero nos seduce y nos atrae hacia lo imaginario: el mundo del inconsciente donde los deseos que ni siquiera sabíamos que teníamos se satisfacen inmediatamente en el mundo virtual.

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Occidente tiene el problema de idealizar el amor romántico, las citas y el matrimonio. La idolatría de la relación romántica hace que los solteros, los no casados y los que no tienen una relación se sientan incompletos por la sociedad. El mito del amor romántico se perpetúa en toda la sociedad y es la norma de cómo la gente entiende que deben funcionar las relaciones hoy en día. Sin embargo, la presión del amor romántico perjudica a los solteros y devalúa a los que no tienen una relación o son solteros por elección. Occidente tiene que replantearse su encaprichamiento con el mito del amor romántico y cómo el aumento de los solteros encaja con el declive de las citas y el matrimonio.

La visión occidental del amor romántico moderno transforma al otro en un estado trascendente que ningún ser humano es capaz de alcanzar para hacer feliz a su pareja. Esto se debe a que los ideales de la sociedad son demasiado elevados y esos ideales son lo que la gente ha llegado a esperar de una pareja romántica. El mito del amor romántico promete que una pareja te hará feliz, que tu vida será perfecta con una relación romántica y que una vez que te cases con la persona indicada tu vida estará libre de problemas. Este mito, sin embargo, crea expectativas poco realistas para los solteros que quieren salir y casarse, creando una sociedad que no entiende el propósito de las relaciones significativas fuera de las relaciones románticas.

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Como señalan Hammack et al. (2019) En el siglo XXI prolifera una mayor diversidad en las relaciones humanas y, como hemos señalado, surgen nuevos modos y formas relacionales de intimidad. Como muestran Fairbrother et al. (2019), aunque solo una pequeña proporción de la población mantiene actualmente una relación no monógama consensuada, el interés por las relaciones no monógamas consensuadas es mayor, especialmente entre los adultos más jóvenes, que también tienen un mayor interés y compromiso con este tipo de relaciones, lo que sugiere que las relaciones no monógamas consensuadas pueden aumentar su prevalencia con el tiempo. A pesar de ello, las personas que mantienen relaciones no monógamas consensuadas son percibidas de forma menos favorable que las que mantienen relaciones monógamas (Grunt-Mejer y Campbell, 2016) considerando este tipo de relaciones como de peor calidad, incluso calificando a las personas no monógamas consensuadas con rasgos arbitrarios (Conley et al., 2013).

Los estudios queer aportan un paradigma flexible que reconoce las diversas formas y posibilidades en un contexto post-normativo y post-binario en el que las personas no están constreñidas por los supuestos hegemónicos pertenecientes a los paradigmas de género, sexualidad y relaciones (Hammack et al., 2019). Además, las identidades sexuales y de género son profunda y recursivamente multifacéticas (Van Anders, 2015), que a su vez no son fijas, sino que se generan fluidamente a través de prácticas sociales recurrentes y de la adhesión a estándares normativos (Butler, 1990). Los paradigmas queer entienden esta diversidad en las relaciones humanas sujetas a contingencias históricas y culturales que reconfiguran nuestra comprensión de los significados y posibilidades de los vínculos humanos (Hammack et al., 2019).

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